¿Quién fue? Matteo Ricci
Recorrer la historia de Matteo Ricci es como vivir una fantástica aventura.
Nacido en Macerata el 6 de octubre de 1552 de una familia noble e importante, Matteo fue formado como literato y religioso en la escuela de los jesuitas.
A su formación humanística se añadía la sólida componente matemática, astronómica, cartográfica y científica, gracias a las enseñanzas del padre Cristoforo Clavio.
Fascinado por Oriente, apenas ordenado, Matteo navegó hacia la misión en China en 1582. Tras años de estudio de la lengua, de las costumbres y de la cultura china, el joven jesuita gozó de la estima y de la confianza de la clase culta china, hasta el punto de ser introducido en la Corte Imperial de Wanli.
Matteo Ricci era culto y carismático, asombró a la corte imperial con su ánimo bondadoso, con su ciencia y con su fe.
Demostró a los chinos que la tierra era redonda, dibujó el mapa del mundo entonces conocido, construyó relojes mecánicos, tradujo por primera vez obras occidentales al chino.
Tradujo al mandarín muchos tratados fundamentales para la ciencia occidental, como los primeros seis libros de los “Elementos de Euclides” y el “Manual de Epicteto”.
En 1584 escribió un breve catecismo, el primer libro impreso por extranjeros en China.
De estas fechas dataría también su composición del gran Mapamundo en lengua china, cuya sexta edición fue querida por el mismo Emperador en 1608.
En el Mapamundo se representan los continentes y las islas hasta entonces descubiertas ofreciendo, en línea con la tradición china, las anotaciones de las noticias históricas junto a las principales localidades.
Matteo Ricci además, compuso y publicó el primer trabajo sinológico de la historia: un pequeño diccionario portugués-chino.
En 1595 escribió el “Tratado sobre la amistad”; en 1607 tradujo ye imprimió las “Diez paradojas”; en 1603 se imprimió el escrito “Genuina noción de Dios”, con el que el padre Ricci demostraba la existencia de Dios, explicaba la inmortalidad del alma y confutaba el monismo panteísta y la metempsicosis, entonces muy difundidas entre los chinos cultos.
Importantes también los escritos compuestos compuestos para los occidentales, como sus “Cartas” y su informe “De la entrada de la Compañía de Jesús”.
Su obra era tan impresionante que el Emperador le concedió el permiso de fundar una iglesia (sostenida a expensas del erario público) y, admitiéndole a menudo en la corte, le introdujo en el círculo de los mandarines, los más importantes funcionarios imperiales.
Cuando murió en 1610, la comunidad cristiana china fundada por él contaba con 500 convertidos, de los cuales 400 sólo en Pekín. Entre estos sobresalían figuras de primer plano en la vida social, cultural y política china, además de algunos parientes del Emperador.
Zhang Xiping, profesor de lengua china y literatura cristiana en la Universidad de Pekín y miembro de la Academia de Ciencias Sociales de China, explica que “la opinión de Ricci fue apreciada por los sabios chinos, tanto que hasta inicios de la dinastía de los Qing, el catolicismo se divulgó libremente en toda China, se construyeron más de sesenta iglesias y más de doscientos misioneros evangelizaron en China”.
El padre Matteo Ricci recibió el más alto reconocimiento para un extranjero, es decir, el privilegio imperial de un terreno de sepultura en la capital, en la que hoy es la School of Beijing Municipal Committee.
La tumba del jesuita italiano se encuentra hoy dentro del Cementerio de Zhalan, junto al Colegio Administrativo de Pekín (Beijing Administrative College), situado en las cercanías del Templo de las Cinco Pagodas, en la periferia noroeste de la ciudad

